Más allá de la imagen, a veces austera, asociada a un arte basado en la geometría y las matemáticas, las obras en plexiglás de Inés Silva destacan por su carácter etéreo, luminoso y profundamente musical. Relieves, columnas, biombos o estructuras suspendidas componen un universo en el que la transparencia, el movimiento y el color transforman la geometría en una experiencia sensorial. Concebidas para colmar el espacio de ritmo y dinamismo, estas creaciones son propuestas visuales abiertas que interpelan activamente al espectador, invitándolo a desplazarse e incluso adentrarse en la escena de su proceso creativo.
Torre PFNAIniciada como arquitecto, Inés Silva elabora cada una de sus obras con gran precisión, a partir de esquemas matemáticos en los que la proporción áurea, la espiral de Fibonacci o el Modulor de Le Corbusier desempeñan un papel estructurante. Lejos de constituir una demostración teórica, estos principios garantizan el equilibrio de las formas y establecen una armonía perceptible entre la obra, el espacio y el cuerpo. Las grandes columnas, algunas de las cuales alcanzan los 2,26 metros de altura (Torre PFNA), se inspiran directamente en el Modulor, un sistema de proporciones elaborado por Le Corbusier a partir del cuerpo humano. Heredero de las reflexiones de Vitruvio sobre las relaciones entre la arquitectura y las proporciones, este modelo confiere a las obras una presencia arquitectónica que dialoga de forma natural con su entorno.
Ellipses ProNBEASi bien el rigor constructivo se mantiene constante, el vocabulario plástico de Inés Silva no deja de evolucionar. Desde hace varios años, la artista muestra una predilección por la elipse que, asociada a las proporciones de la proporción áurea, se convierte en el principio generador de relieves compuestos por planos superpuestos y móviles (Ellipses ProNBEA). Atravesados por unas finas líneas de color, estos relieves producen, según su orientación, efectos de continuidad o desfase, de interpenetración o de ruptura, resaltados por el uso contrastado del blanco, el azul y el negro. Las líneas trazan trayectorias que animan toda la composición, pasan de un plano a otro y parecen prolongarse a veces más allá de la obra. A pesar de esta movilidad permanente, la unidad del conjunto nunca se rompe, ya que la geometría subyacente organiza las relaciones entre cada elemento.
Progression 4FNA
Tetraptych SpectrumVarias series responden al principio de progresión: concebidas como auténticos crescendos visuales, presentan formas que se agrandan progresivamente, acompañadas de una intensificación en el despliegue rítmico de las líneas y los planos de color (Progression 4FNA). Las composiciones alternan lecturas verticales y horizontales, con juegos de líneas oblicuas y efectos contrapuntísticos. Algunas obras privilegian las armonías monocromáticas, con azules profundos y rosas intensos. Pero, en general, el color —deliberadamente limitado a siete tonos por Inés Silva— interviene de forma mínima. Reducido en la mayoría de los casos a un simple trazo, guía discretamente la mirada antes de entremezclarse, según los desplazamientos o las manipulaciones, con las demás líneas de color de la composición. Sin embargo, la serie Tetraptych Spectrum produce intensas vibraciones cromáticas que se renuevan y se intensifican en función de nuestros movimientos.
Column TNAB
Torre P2FN
Desplegable Ellipse ProNACA
Jardín Colgante NE
Spiral QuadrataLa predilección de la artista por la forma constructiva de la columna delata el deseo de desplegar su obra a escala arquitectónica. La verticalidad de obras como Column TNAB y Torre P2FN, en la frontera entre la arquitectura y la escultura, despliega, al ritmo de su rotación o de nuestros movimientos, configuraciones siempre renovadas. Los biombos, con recortes curvos (Desplegable Ellipse ProNACA), prolongan esta reflexión, mientras que las obras suspendidas, de formas igualmente redondeadas, flotan con mayor libertad en el espacio (Jardín Colgante NE). En cuanto a las obras de la serie Spiral Quadrata, adornadas con pequeñas superficies espejadas, reflejan fugazmente la imagen del visitante, integrándolo así en el proceso perceptivo. Las creaciones de Inés Silva nunca se revelan de un solo vistazo, sino que se construyen en el espacio y en el tiempo, al ritmo de los desplazamientos y las interacciones. El empleo de formas abiertas y el uso de la transparencia introducen un continuo entre el interior y el exterior, lo percibido y lo vivido.
Harmonic SpectrumEl recurso de Inés Silva al plexiglás forma parte integrante de esta investigación. Gracias a su transparencia, permite que los planos se interpenetren, convirtiendo el vacío en un material por derecho propio. La luz atraviesa las obras y produce interferencias de color. En este sentido, la obra de Inés Silva se inscribe en la alquimia de las indagaciones constructivistas de Naum Gabo, Antoine Pevsner, László Moholy-Nagy o Georges Vantongerloo, al tiempo que renueva su reflexión sobre las relaciones entre el espacio, la luz y la transparencia. En ocasiones se aprecia el uso del metal en algunos grandes relieves como Harmonic Spectrum, donde pequeños cuadriláteros de alambre cromado y dorado animan los grandes planos, siguiendo una organización de extrema precisión. Sobre el fondo blanco, sus sombras proyectadas enriquecen la composición con un segundo dibujo en movimiento, mientras los reflejos del metal producen una vibración luminosa que se intensifica con nuestros desplazamientos. Los elementos metálicos parecen entonces componer una auténtica partitura musical, en la que los ritmos, los contrapuntos y los silencios encuentran su equivalente plástico. Esta musicalidad se refleja también en las referencias teóricas de la artista, apasionada por las obras dedicadas a las relaciones entre las proporciones matemáticas y la música, en particular las de Matila Ghyka.
Retablo ProBNFPor el lugar que concede en sus obras a las nociones de movimiento, transformación y manipulación, Inés Silva también dialoga con las indagaciones de los artistas de la vanguardia geométrica y cinética de los años 1950-1970, como los del grupo Madí, e igualmente Soto, Agam, Lygia Clark… Al igual que ellos, Inés Silva rechaza la relación frontal con la obra en favor de una experiencia abierta, evolutiva y siempre en devenir. Los relieves elípticos con paneles articulados (Retablo ProBNF), las estructuras giratorias o suspendidas ofrecen al espectador una infinidad de configuraciones posibles. Nada es inmutable. Cada manipulación renueva las relaciones entre las líneas, las formas y los colores, dando lugar a incesantes combinaciones geométricas.
Inés Silva, al conciliar el rigor constructivo con la experiencia sensorial, convierte la geometría en un lenguaje vivo, que genera una infinidad de relaciones. Sus obras, que se niegan a encerrarse en un sistema cerrado, exploran las virtudes de la transparencia para abrirse a la mirada y ofrecer una experiencia basada en la movilidad, la luz y la interacción. Lejos de una abstracción autónoma, hacen de la percepción en sí, el auténtico lugar de la obra.